Este es el sitio poético de Laura Martínez Coronel.

LILITH

Voy a nacer y siento el ruido del océano, una vertiente de sombras y luz ambarina, mezcla de latidos, miedo y esperanza. Unos s
eñores les han informado a mis padres que soy un niño. Si, genitalidad y precipicio, tengo testículos, pene, están contentos, celebran, dicen que soy “bien dotado”. No sé de la vida y de la muerte pero escucho un extraño dictamen “Este no dejará títere con cabeza”, “Que se cuiden las mujeres…”.No saben quién soy. Esta mañana alguien golpeó muy fuerte la pared, sentí que me sacudían mucho y temblé. El llanto de mi madre tiene un eco de vertientes solitarias, aquí muy adentro de mi piel, me hubiera gustado decirle algo pero solo sentí la impotencia que asfixia. He llorado  también pero nadie lo sabe, he reído, gritado, implorado y esperado el tiempo en el que estaré con frío lejos de esta cuna que se mece al sonido de los gritos. Cuando mi madre va al médico, la acompaña mi hermana mayor. Mi padre una vez la fue a esperar, la tomó del brazo con fiereza, ella lloraba de nuevo. Volví a temblar. A veces siento que esto es una cueva de ladrones .No debo pensar, aún no sé cómo se hace para entender el mundo. Presiento que no lo entenderé jamás.
He nacido, el viaje ha sido largo, el miedo se confunde con la alegría. Voy por el laberinto, escapo, huyo como un animal despavorido. Me protegen del frio, la manta tiene unos arabescos multicolores y mi padre está allí. La noche anterior sentí que la música de mi madre desaparecía de su vientre y sangré con ella. Está toda llena de moretones y el cuello herido. Mi padre dice “No fue mi intención. Es que tú a veces…”
Y ahí quedan los puntos suspensivos.
Soy un varón, soy un hombre fuerte, alguien entra y dice “ya era hora, cinco mujeres.
 Resulta que yo soy la prueba de que mi padre es un macho sin la llaga estigmatizante de andar sembrando matrices turbulentas. Me regalan una pelota, me bautizan con una camiseta de un cuadro de fútbol, me visten todo de celeste, recibo un par de championes  diminutos, “son muy bonitos” dicen.
Mi madre se levanta con dificultad, debilitada y tan temblorosa cómo yo. Llega al baño apenas sosteniéndose con las manos en la pared, pidiendo auxilio en silencio y allí se desvanece. La despiertan con  golpes leves en la cara. “Hay que transfundirla, está anémica”.
Su sangre pálida se convierte en la leche que me alimenta.
II
Siempre existe un riesgo en el descubrimiento. Pongo mis manos en la tierra mojada. Todos duermen. Las hormigas me fascinan. Lleno frascos mientras el sol quema. Una por una, las atrapo, les converso, las domestico. Obedecen. Cuando hay muchas, son eso, una maraña de hormigas que van una sobre otra cayendo como si fueran personas trabajando en los andamios. Después ya no puedo diferenciarlas. Es ahí cuando cierro el frasco. Ninguna debe escaparse. Después lo lleno  de agua y las veo moverse agitadamente, alguna es salvada por mi mano por poco rato, después la desmembro.Es una extraña diversión. Allí hay un mundo. Trabajan, van en fila por alimento, se agitan, mueren, pierden la identidad. ¿Será eso lo que querían decir cuando en aquel tiempo en el que aún no tocaba el mundo alguien orgullosamente comentó que no dejaría títere con cabeza?
Mi madre trabaja con títeres en las escuelas. Hay muchos niños con ella y  suele llevarme. No tengo quien se quede conmigo. Mi padre se ha ido de la casa y nadie logra encontrarlo. Los títeres de mi madre están construidos con palos de escoba, encima unas cabezas con cabelleras desflecadas, muecas pintadas, sonrisas y lágrimas.
Me gusta verla trabajar, ella canta, va de la ciudad gris a la de los colores. “Al botón de la botonera, chin pun, fuera…”Me ha puesto una boina y  dice que parezco un personaje de una película de Chaplin. También canto. “Ahora-dice-vamos de la ciudad en blanco y negro como las películas que miramos a veces, a otra llena de colores, y entonces tu canción cambiará”
Lo intento. “…qué no hay ningún atracadero qué te pueda disolver…”
III
Uso los vestidos de mi madre y me escondo tras los espejos. Armo títeres, los visto, me gustan muñecas con cabellos tristes, he aprendido a hacerle varios trajes diferentes.
 No me gusta el nombre que me pusieron al nacer. Ahora tengo otro. Mi nombre es Lilith.Con mi madre veo películas, me ha gustado una escena y una frase de una niña que orinaba de pie “¿Por qué me llamas Luna si sabes que mi nombre es Lilith?”
No soy un niño, no soy una niña, soy una persona, y me gusta la vida aunque a veces duele, creo que va a dolerme siempre como una boca furiosa que tragara los ojos en los cuales puedo verme.
Cuando cruzo por la calle me gritan “marica”, se ríen, algunos tiran pequeñas piedras que duelen en mi espalda. No suelo mirar a la gente.
Vino una amiga de mi madre por la tarde y yo estaba con mi muñeca de trapo, mirando el fuego de la luz.
Mis hermanas son más grandes que yo, una, me presta su ropa a escondidas.” Pareces una mujer”, susurra. Salgo con ella. Me pierdo entre la gente, parezco una hormiga confusa que gimiente estuviera por morir ahogada pero en las esquinas del mundo me desmembran cuando logro sobrevivir al primer estertor de la asfixia. El “dulce mundo” es cruel. La vida es una herida que mana sangre como en vertiente, a veces es imposible ver el coágulo imprescindible, me toco el vientre herido de muerte. No quiero ser esto y no lo seré. Nunca.
IV
Todo es neutro. Estoy sentada tranquila, cabizbaja en una plaza olvidada. Recuerdo a mi madre pero no regresaré a casa. Tengo una bandera de varios colores y ya es tarde, ni ebria puedo con mis sueños, no consigo que se levanten en ira para despertar la oscura noche de la intolerancia. Parecen indiferentes pero no lo son. Muy pocos entienden, aunque hay largos tratados del profundo entendimiento.
Me pongo el disfraz, la máscara, la boina de costado y la nariz roja de payaso. Entro al hospital. Por suerte tengo trabajo aunque no me pagan mucho,  en el comedor del lugar siempre puedo servirme un caldo.
“Lilith a la sala de oncología. Va subiendo” dice la recepcionista. Llevo mis títeres, cabezas con muchos gestos insertas en palos descoloridos hacia ninguna fiesta.
-¿Dónde está el niño que ayer cantó conmigo doctora?-
-Ya no está Lillith-
Todos los títeres ruedan por el piso, y de manera casi brutal pierden entre lágrimas espasmódicas de destierro, uno a uno, la cabeza.

Publicado en CARAS Y CARETAS-viernes 19 de junio 2015

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