Este es el sitio poético de Laura Martínez Coronel.

PULPOS EXTENDIDOS



Desangra la impiedad y aquellas instrucciones para la incompleta felicidad
las muecas nunca inofensivas y las monedas escandalizadas sobre la calle
mientras llueve pausadamente la desaparición de los moluscos
y alguien-como siempre sucede- escupe agujas sobre los poros
rumbo al corazón de la nieve cuyos bosques carecen de mortaja pluvial.
En la soledad de la sala, entre sillas uniformadas
se enciende el vino postrero de una mujer abismal
estatua incansable de patios con clavicordios en la mayor orfandad
Leo en el alboroto la sensación de los hombres cóncavos
el propósito hospitalario de la sed
mientras la siempre niebla oprime un brazo con puertas hacia los naufragios
y todo lo hablado es fantasmagórico insustancial.
Estoy en mi ciudad entre pozos, alcohol y autos viejos cuyas vendettas vacías
absortas
caen sobre mis piernas con animales dorados que juran amor
esa impaciencia recóndita ve como huyen ancianas secta de furia
mientras canta el milagro muy por encima de su voz.
En los ataúdes busco guitarras escribo escudos impropios
son serios pulpos extendidos sobre vientres en permanente espasmo
Reinicio siempre la marcha
todo desaparece
la escalera de laurel invade la alegría
gritos dentro de mí que por oficio tengo erratas.
Es fácilmente reconocible el mutismo desplazando sus llaves abiertas
caen candados sobre las cabezas empapadas y los restos de hiel sobre la noche
el destino se burla de mi fiesta de encaje
son los escarabajos
la basura existencial
el nudo tenebroso con su cáscara mísera
los que nunca son
los simplemente heridos de muerte
llevando palos de madera que se desperezan pariendo cabezas múltiples
vacías
ardientes.
Estoy irritada por la fría cicatriz de las mejillas infinitas
nadie conoce el ruido cabizbajo de los senos transparentes
los que desnudos caen sobre el pecho de otro
tambaleantes como peces.
En resumen
la gutural elástica miseria no redime a nadie
de sus largas estrías de ropa pesarosa
deslumbrante toque de lejanas campanadas mustias.
Nadie sabe amar
Imploro el cese del sangriento círculo quebrado
Llego a mi casa destruida pero desamarrada para siempre de la polvareda
nunca misteriosa.
Nadie escucha que grito mientras destruyo música
recostada a la piel de las palomas.

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