Este es el sitio poético de Laura Martínez Coronel.

EL ÚLTIMO BOCADO



Los párpados cayeron con sonidos tragaluz en el piso, con mármol de espía sorprendente y tibia luna derramándose.
Se trata de aquel hombre que estaba cuando atravesamos la puerta, todo desnudo, vertical asombrado, cavilando entre moscas que rodeaban los pinceles y su vino empapado.
Nos hizo un gesto recuerdas?
Las manzanas extremadamente dulces y nosotros cayendo sobre la mesa, él desnudo, las ventanas apagadas, y aquel mutilado cuyo destino era copiar la historia de los peces abandonados en el fuego.
Tú no querías, el me hacía gestos, estaba diplomado en la escuela del milagro.
Pero vos, llorando.
Irías a abrir la casa despierto, pero yo no te estaría esperando, podrías salir con el saco derrotado y la espalda con rostro, los bolsos en la esquina del amargo viento, el agua corriendo sobre el pecho, la sangre imantada, el mutuo goce, los varios almanaques, la rusticidad de la estrella, los planetas reinventados
Podrías...
Herirme con un músculo gélido, el ruido de la imposible nieve, los rastros de la belleza, el resto de la madera, los barcos naufragando
Podrías, deshacerte en una sola sonrisa, ocultarte en las lápidas brillantes, escribir las instrucciones del asco, invitarme a pasear por los follajes del vagón, contarme los vaivenes genéticos de los bancos, regalarme gatos de color inusitado los cuales irian a mirarme o tal vez caminarían por mi vientre desollándolo
Pero no me tendrías, que hace tiempo que no estoy, me he marchado
Ayer cuando terminé de comer el último bocado de merengue con tres pasas de uva y toda la miel, supe, al mirar algunos adoquines quebrados en que consiste el último dia , el que se escurre agotado, el que no dice nada pero te mira sin espanto, el peldaño misterioso que requiere el lado mas hermoso del abismo
Sin el sofoco del instante necesario, sin otro camino que tus brazos desatados, pude ponerme de pie.
Esa noche inmediata en que te desprendiste felpa a felpa de mis piernas, con una malignidad feroz, fue todo lo respirable necesario.
Abril es especial.
Ilumina los cadáveres.
Por eso estoy callada, llueve y pasan mujeres delgadas rumbo al sol
El hombre sigue allí, te lo advierto, con las moscas, los pinceles, desnudo, cavilando
Conozco su próxima pintura.
Es el resto de las lámparas que ya no enciendo cubiertas por el esqueleto de tus manos.

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