Este es el sitio poético de Laura Martínez Coronel.

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LAS CUCARACHAS

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Todas las cucarachas en los ojos prometidas por el tiempo.

Aparecen y entran por la boca de las puertas

luego salen a la noche y se recuestan al verano multiplicadas por cuatro

tienen nombres curiosos y duermen en mis dedos

mientras el pobre faro de luz se apaga siniestrado por el pueblo.

Esto sucede en madrugadas purpúreas hace unos cuantos Eneros.

Jóvenes ineptas, viejas decididas

muchachas oscuras de metal furioso

bailarinas en vigilia con espaldas inactivas

mientras maduran crueles la lluvia

en los misteriosos vagones dónde sueño.

Si vale que en la sombra ensayen el desvelo

las cucarachas inauguran en el cristal los andenes

con la inocencia perdida del rufián menesteroso

en el agua giratoria donde olvido todo enojo.





La invasión desconocida de las cucarachas voluptuosas

deja a mi ciudad al margen de la historia.


{O} ~ {☼} ~ {O}

Distancia

Todo en exceso, números de especie desollada

manos, labios, convicciones,

irrefutables escudos de ancestro bibliográfico

Cae a varios quilómetros de la pared

recoveco engendrado

por fugaces visiones asimétricas

lo mismo de preguntarse ayer y responderse nada

signos cerrados de noche

vino a tiempo y en distancia

copa de vino también, viejísima carcajada


Que nadie sepa mi nombre.

Tú mismo has sido testigo de la conspicua mirada

del olor de las cadenas, del atuendo con sus ramas

sabes que ni monedas caprichosas por extrañas

han de pagar tanto horror extendido por el agua

sé que nada ha de quedar cuando al fin corra y se vaya

corra tanto en el incómodo desprenderse de la fábula

ni el obsceno irrespirable quejido de la muralla


Que nadie sepa mi nombre


Puedo nacer tumultuosa,

lóbrega

diluvio de fuego inmóvil

aún así

escribir su testamento con mi alma en rebanadas

verla morir entre estériles estertores

telarañas

la luna toda rugiente

y mis manos iracundas en un profuso goteo

de enceguecidas palabras.





***

La poesía

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La poesía me escupe con garganta furiosa en esta hora amarga

me naufraga, me enciende, me desangra de fuego por su boca de abeja

no perdona extravío

ni la noche que espera su piel propia.

Obedezco la luz que me teme y extorsiona mi brazo contorsiona mi mano

asombrada asombrosa

por todo lo que está sobreviviendo ahora

el camino dónde descuidada puse un dedo egoísta de lluvia

Ella cava sin tregua en mi vientre y mi carne y aunque suelo ausentarme

yo me pierdo con ella vestida de su traje sollozando los quebrados designios

Puedo proclamar que nací en la tarde plumón tibio

de aquella fantástica hora berreando con el ruido de peces ronroneantes

con brava desventura orgullosa de sombra.


Que necedad absurda.


Siempre estuve escondida fértil de golpe ciega de luna

siempre estuve escondida en la espesura olor desconocido

para que usted, señora paridora de la música

me meciera brutal con sus claves sin tregua

con su lengua mayúscula

toda hecha de profundos relámpagos

hermética belleza desnuda.

* * *

(Imagen: Wilfredo Lam, Cuba)

Mientras

Mientras

me bañaba

conté algunos glóbulos que se desparramaron festivos por el piso

toda la piel del mundo

no hubiera cubierto el deseo de estar viva

todavía

el próximo año

Puedes desaparecer

o te desaparecen

sin el oscuro auxilio de una convicción biombo

para ocultarse

o una desmedida certeza inocultable

Prefiero irme

llena de miradas

desterrada

intacta de mí

poderosa en el agua

para el próximo sonido tigre de la noche

reintegrada.





***

Toda la lluvia

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Toda la lluvia

Todos los hombres miran

a partir de la lluvia

cuervos y nidos ocultos en sus ventrudos esquemas

en la húmeda rojiza tibiedad del brazo

todo lo que llueve para olvidar la nausea o aquella perfecta serpiente

huyendo de la caverna

de sí

con varios brazos de azufre

milagro de árbol oscuro

la tarde con lluvia

los sueños entre las cuerdas de las ramas

los pies liberados del subterráneo

iba llegando mi piel

mi sombrero

mi carne arterial frondosa

Volaron todos los cuervos

estaba frío el pan

y el tiempo





* * *



(Imagen: Camilo Blas, Perú)

Cicatrizada

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Vestí el oleaje del frío prematura en el océano entre estertores de fuego

dormí agazapada en la muerte bienamada y en luto

defendí páramos azules con espuma de sangre

regresé callada impuesto escombros

oscura de cuervos

Reí hambrienta de sombra lacerada de gritos

gemí a pura madera hambrienta encerrada en una tibia campana

y te mostré suplicio de ojos concavidades robadas de la tierra

Todo en vigilia con el corazón precipitado en la mano

todo incierto regado de agonía

Sé que todo te aterraba.

La lluvia brillando en la escalera

el infame planeta prodigioso

mi desnudez entre rayos de profunda angostura

forjada por el frío y la brasa

toda yo en destierro de un detente

pero tú en éxtasis y ausente.

Ahora cambio todo el vientre por transpiración memoria

por el mudo testigo de los próximos días

el temblor de los pies fugitiva de barcos.

No te vuelvas para mirarme.

Déjame en el sitio dónde arden los duraznos

sobre la lengua del piano

sitiada por la música.

Que luego me corone el linaje impetuoso de todo el temblor del bosque.

Con un sólo ademán,

número y consigna de una grieta constelada

cicatrizada de ti, relámpago de palabras.



* * *
(Imagen: Carlos Páez Vilaró, Uruguay)

Un barco dormido

Un barco dormido

con un niño indio dibujando rostros en las palmas de las manos

dibujando sueños en el musgo sin salida cataclismos

canción de existir con las costillas empapadas de sangre

una misteriosa reconquistada lluvia

un lazo entre dos cielos imposibles



La muerte ronda entre túneles de agua azul

refulgente como cometas de banderas agraviadas

ha de surgir cómo un puñal en la hora vacía de la noche

o en la áspera quietud metálica del día



El niño indio

el barco solo

el río azul



* * * (Imagen: Xul Solar)

Si tú escuchas

Si tu escuchas a los muertos en la noche

en el verdadero hogar de los cuarteles del olvido

con sus viejas bocas humeantes

soñando cuán rápido se muere en la gigantesca calle

entre el polvo de la aurora

A manotazos con sus cicatrices

están en los campos floreciendo

como palabras en la ruinas de los edificios

devorando vómitos disfrutables

solos ávidos exigiendo nada

con los pies rojos rasguñados de pólvora

agitando las manos para espantar los pájaros ornamentales

crudamente posados

en los ojos crujientes de la vida

Ellos están gritando fuego

ellos están pidiendo más sed para quedarse

más niños que gestar

más voces.

Tiritan entre frases entredichas y cosas que no fueron

entre almanaques olvidados cenicientos

entre pieles sutiles desvencijados conejos

fastidiados por imágenes impresas en el espejo

fabricando caracoles

escondidos a lo lejos

borrachos por el vino que jamás bebieron

separados de sus tumbas y sin embargo tan muertos

recordando cómo el mar los sacude los naufraga

pequeños adormecidos

Eternos.





***
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