Este es el sitio poético de Laura Martínez Coronel.

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No te preguntes ahora

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No te preguntes ahora

te diré como eres

cabes en un monosílabo

inventas paisajes vírgenes

incrédulo ante la fidelidad

novedosamente estático.

Pareces un cuadro que ya vi en algún lugar

un collar de angustias que vestí un verano

una noche despiadada de estrellas

dónde cayó mi alma por descuido

e implacablemente

mataste su suerte

con frenética duda

así se acabó todo

así fue que huí

y aunque ahora intento ya no puedo encontrarme

ni palparte conmigo

no perdonas el dolor espectral

tu frío saldo de monedas inválidas

gloriosamente tendido

al lado de los sueños.



* * *

(Imagen: Xul Solar, Argentina)

Pinturas

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Hora en que el viento limpia mis manos de sombra

levemente atenta desenlaza concurrencia horizontal

pintura convocante

mujer con alas

huele de besos es aroma

abeja racimo piel árbol extraña enredadera

asiste agigantada desprendido tiempo

arbolada de reflejos promisoria llama de la noche

saben que vivo ahora.

Saben que ahora me crece un latido desde la desnudez del pie sobre la alfombra

espuma navío sal arena muro viento mariposa

Ausencia de sequía

desierto deslumbrante

humedad de tierra arada

hasta que el mundo grite que no se asombra.

Cruzo confiada el parque serpiente brazo

aquella noche supe que el fuego ardía

y la mañana vino con sus jardines de luna

con libélulas y un disfrutable sonido a trueno en la sombra

después todo fue relámpago...

Esta es la hora, cueva de sol

esta es

la hora.



* * *

Sórdida

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La lluvia íntegra

noche pasos que no escuché

gélida madera borracha de la impiedad

las palabras me oyen hundo las manos en sus aristas de sombra

desaparecido exterminio siento lo mismo

busca agazapada la gracia del color, un nombre apenas.

Me pongo de pie, ventisca sólida

lleno mi boca de gránulos miel

cancelo el temblor, desnudo mi espalda

visto mi cara de un veloz redimido muro.

Alguien golpeará en mi puerta

alguien vendrá, descenderá perezoso de su furia

susurrará silbidos de los andenes

viento de agosto seremos música.

El otro miedo abrazado queda, un agujero descose hechizos

cuerpo se salva quemadura desolada

amor no quiere realidad colérica

da nombres, todos, nombres apilados nombres

ignora la luz, se rompe, se sustituye de si

me arranca el pelo, muerde mis ojos, busca en los sótanos vieja piel

en el impenetrable centro, cabizbajo

casi de modo inaudible repite forma de dedos, pinceles, soles

Está descubierto de mi.

Ahora soy ráfaga

Y no respondo absoluto de abecedario

Avara imploro descienda por sus vagos anaqueles

y que ya no vuelva a decirme como se ama.

Pero regresa sacude huracanado crece

y le dejo que irrespirable ceniza muerda

entre olores extraños de abismo y hambre.

Soy esa hembra golpeada en terrible acorde

que gime tapando el rostro con una máscara

de aquellos personajes gastados muertos que conoció

en el túnel fatal

del desencuentro.


* * *

(Imagen: Jonio Montiel, Uruguay)

Comprendo

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Va y viene el oscuro viento

el olvido cruza el mar, el desierto, los iceberg, el rascacielos

y la sombra no indemniza mis pecados

todos mortales

Pero frente a mis ojos en este huracanado sueño

hay una mujer con rayos en los ojos

estirando una bolsa con cáscaras de banana

como si fuera un mantel

devorando cenizas de la sal y la siembra

bebiendo agua gris mortal

En su atroz soledad

cae la noche

Estos pobres terribles días

con piedras tenaces que tiemblan

aprendo el sabor de las uvas pisoteadas ardientes

aturdida por campanas en el centro del cielo.



* * *

(Imagen: Jonio Montiel, Uruguay)

La mano en el espejo

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Hundo la mano en el espejo quebrado no tan bella la sombra fuera magia

escucho la música por lado imposible disco

no cuido el vaivén de tu pelo en la escueta pantalla

no veo el desgarro furioso el incomprensible escándalo

Fue un día, mejor una noche hundida en la almohada

con una oscuridad nieve melosa humeante

por dónde el amor propagárase sin siquiera nombre

con ese malévolo ruido a falsa modestia

Quien sabe cuantos dedos hubo en aquella mañana

veloces y calmos vertiginosamente humeantes

afuera del súbito ininteligible espanto

con tu caer obstinado sobre signos mudos.

Ahora rescato

la exacta hora en que no existió desembarco.

El nunca abrazo

El mas lejano nunca mordisco grave por dónde gemir arrojado al espacio

con todos mis labios llenos de palomas puede

con mis larguísimos brazos doblemente ocupados

rescato

un extrañísimo llanto de frente a un nadie

un proclamado invento indeterminado del mas veraz sentimiento y el mas osado

que no sentimos nunca ni por acaso

Y aquella noche lluviosa sin tus zapatos.


* * *

(Imagen: Gonzalo Fonseca, Uruguay)

Horas con ríos

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Hora con ríos

fastidio de perros

hombres que trabajan una palada tras otra

gigantescos puentes

una pequeña casa con rampas para la silla de ruedas

un abrazo

Pasa un niño con sus muletas descalzo

me sonríe

miro a través de una chapa hermética calurosa y grave

he puesto sobre ella las manos abiertas y se han quemado

ahora trato de curar llagas imposibles

Señalo el jardín de los pequeños fantasmas

Anoche he visto una mujer en cuclillas con una campanita

dejó una paloma muerta frente a mi casa

en una encrucijada de palmeras.

Era pasada la medianoche

yo venía de regreso

se levantó

me encontré con su mirada amarilla

con unos ojos azules

con una sagrada pequeña ciudad gris

imposible abarrotada encarcelada inerme inerte

estaba yo tan arrepentida y triste

ella se volvió a poner en cuclillas

nuevamente sonó la campanita

y la noche es así, se le antoja girar y gira

y la luna aparece y llueve

en algún compartimiento de la prisa

Está mi corazón pescador en otoño suficientemente eterno

Estoy ciega

pero camino

sin saber cómo abro diligentemente la puerta de la casa

una puerta de madera destruida

y mis piernas se pasean solas por otros lugares

con mi cuello a cuestas.


* * *

Huecos inequívocos

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Sin novedad alguna

el alba se perdona con el mundo

despacio por el destino

a veces la bruma mira

huecos inequívocos

Poderosos trenes con cadáveres oscuros

circulando hundidos entre nubes

de veras muy ausentes

Al final estaba el mar rendido

cómo nunca giraba entre la frente y el pecho un sonido indescifrable

temblé y pusiste azúcar en mis dedos

todos los sueños parecían inútiles

el mundo implacable

A lo mejor ascendías por los poros de la delicada muerte

salvando de verdad la soledad y el sol.



* * *

Barca de fuego

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He padecido enlutada

en la huraña perdida barca de fuego

extrañas ráfagas de histeria combativa

por esas ásperas cosas irreprochables

días de lluvia anticipada primavera

En cada bocacalle el corazón en el centro de la mano

desacompasado, incontrolable

oxígeno ondulante presa de alucinarle ya que en los pulmones

era inútil impenetrable

quedaba en no se qué lugar del pecho

tan profundamente alejado de mí

caía muerta de otras muertes

Llegaba a casa después de los muslos ateridos de frío

con aquella innegable pereza genealógica

condenada a dormir tras la oscuridad de la madera.

Abrazaba a mi pálida hija

una mañana vi sus labios grises

sobre la almohada los ojos cerrados

se que visitó el. patio de aquella ciudad terrible

yo ordenaba cubrirla con un poco de sangre entre fibras tejidas

Por un momento la vi alejarse

creí que ya no retornaría

En los pasadizos impropios que conducen a mi casa

encontré a mi niña más pequeña

la mejillas ardientes

se puso a buscar dulces en mis bolsillos rotos

Después abrí la puerta

La gata negra

la perdida alegría en su letargo ronroneante

y estaba él

cabizbajo

falto de invierno

resbalando por los brazos rotos de un sillón herido de muerte

no me miró

decretó su ausencia de antemano

Yo sólo quería quedarme muda

con toda la sed

sola

y sin ninguna explicación



* * *

Horas abiertas

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El primer silencio

un intenso espectáculo de frío

preguntas

de hombres coexistiendo

en la fuente cueva impermeable

mordiendo el fuego

Después el mediodía, uno envejecía, perdía amaneceres y memoria

viento y sombra salvaje abreviado migratorio beso

balbuceo del temblor

golpe no sagaz de tentáculos hostiles

sobre un cuerpo tendido de costado en la hora mas profunda de su noche

todo de sombra.

Cuestión de vértigo vagabundo

falsedad nauseosa al indicar fotos grises con niños gritando

despedazados en los campos minados destruida luz

pájaro ajeno

Ocultar oportuno cierto gesto piedad colérico arrogante

para entrar o salir por cerrojos de viento

El vuelve

mirará brevemente a lo lejos

enumerando féretros empapado de vino

con todas las palabras surgiendo del espejo

El milagro no dice que se rompe en la sangre agitada de niebla

de los sepultureros.

Tal vez en esta hora dónde al fin un extraño reposo del insomnio

me recuesta a los muros infranqueables del sueño

estoy sobre la tierra librada a la locura

con la cual sentenciara un distraído espectro

un títere sin dueño.

Me escondo en el abismo desmesurado eterno

con todos los relámpagos huyéndome del cuerpo.


* * *

Generalmente

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Generalmente

se entrega el corazón

barco de simple riego

para ser balanceado por el pecho de otro

en un breve trayecto de la vida

Uno se queda debajo del puente

con sus lágrimas de peregrino

y canta una irreconocible melodía

de soledades mutuas.

Pero yo amor mío

reí tanto aquella noche

recostada a la pared de una luna sangrienta

que ya no puedo más con aquel recuerdo

ni con la forma de sentirte hervir de vida en mis entrañas.

Si pudiera te haría estallar como un sonido

te quemaría furiosa sobre el miedo

te volvería latidos de algún muerto

comería el sabor de la paz a dentelladas

Vestiría un saco negro aún mas largo que mi memoria

me arrancaría los dientes con las manos

pondría un seno enorme debajo de una cúpula de cristal

comerías de el

lo comerías.

Yo vería el diablo desnudarse con un ombligo mosca en mi ventana.

No sería delicada para abrirme paso entre tus ojos

desplegada del tiempo como un reloj misterioso

atravesaría todo el otoño y el invierno

también el bosque de las rosas

te espinaría de peces los laberintos múltiples

y volvería

a mirarte

sabiendo que la vida

te trajo por un rato

para enseñarme el fondo de un aljibe magnífico

dónde crecen los múltiples girasoles del gato.


* * *

(Imagen: Carlos Páez Vilaró, Uruguay)

Las palabras inútiles

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Hay ocho grados ahora

la pasada semana a la salida de la Biblioteca

había una exposición latiente

sobre los desaparecidos

con extrañas fechas coincidentes con el nacimiento de mis hijos

en aquellas fotos, nunca grises, siempre vivas

Quise detenerme a mirarla pero no pude

mi madre esperaba en la calle con una urgencia oncológica

Una maravillosa canción de Pedro Guerra

vuelve mis palabras inútiles

y urjo por besar la cicatriz

exactamente allí donde la vida

se disparara un día

para adquirir misteriosa

eterna sobrevida

A la salida de la Biblioteca

dos calles mas abajo de la noche

había un hermoso lugar con peceras y espejos

la gente conversaba y compartía

miré con cara de mendigo diminuto

hice un comentario, creo

y descendí apurada la calle hacia el apartamento

donde esperaba mi hermana

con la televisión encendida

y algunos trozos de pollo del mediodía

que comí no sin dejo de culpa.

Hay que mentirse mucho para continuar aquí

todos solos

solos para siempre

llenos hasta el hartazgo de soledad.



* * *

El cruce de los pájaros

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No sé si tu sabes del cruce de los pájaros

en el vértigo azul de la raíz dolorosa de las lágrimas

Arde la soledad

el miedo me envenena

la carne encendida del vientre navega

para parir la piel del tiempo

entre membranas de horas desgarradas.

Hay algo profundamente deshecho en el plumaje feroz

e incontrolable

Camino con las manos amputadas

emerjo desde mí entre bocanadas de plumas

El mundo descose su imposible zurcido

Sólo le queda la posible luz de criaturas laceradas

y la calle infinita

y el temor de nacer.


* * *
(Imagen: José Gurvich, Uruguay)

Llevo todo lo triste

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Llevo todo lo triste

de una mirada iracunda

un manojo de pueblo que solloza

se me quita la sangre

se me rompe la música

en mi corazón hay un niño muerto.

Fango, estopa, luna rancia

galleta muda

polvo que asfixia mientras escribo jeroglíficos a pesar

Una mujer sonríe envuelta en largos jirones de llagas

cercada por absurdas mariposas

es la frente que suda rudamente

su esqueleto estropeado por el humo

Grito

escupo



qué las flores son muchas

y los árboles

aún después de sequías

o los espectros de bruces en los pavimentos

del sueño


* * *

La tarde en que te espero

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La tarde en que te espero

con el estómago espasmódico

hambrienta de mucha esperanza

con ruidos inmensos de pequeños relojes

tan triste como pájaros sucios en el aire

armada hasta los dientes con mi cara

para defenderme con creces de reiteradas vulgaridades

de asesinos seriales

es una tarde parecida a otras

las muchas

tardes

vacías de los días

blindados

muertos de saber que ya no viven en el sol

falsos de mar

oficinistas metódicos

tan lejos del alma

furiosos

apretados

asfixiados

en el oscuro túnel de la prisa.


* * *
(Imagen: Raúl Lara Torrez, Bolivia)

Destello de soledad

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Destello de soledad

pliegue de grave luna

sangre en el pliegue

peligrosa

mente


andamio contigo

despeñarse música

números azules

sobre la piel del gato

muslos desnudos

faros contigo

solos


manos, tus manos

barcos que huyen

esperma violento

luz


vientre de espasmo fuego

llave en el pentagrama

palabras contigo, claves

la lluvia

después


tus ojos

y aquellas mariposas

tu pie, mi pie

tu espalda


todos los espejos


* * *

De regreso

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Palabras desde mí pinceles sin custodia pentagramas siniestrados

lo verdadero marcha embebido de cielo

piernas al color de mapas descoloridos

voy de regreso a casa.

Es la noche más hermosa que recuerdo

sentada sobre los ojos de la vereda

con los zapatos crujientes la vena espesa y una carta muy antigua

grandiosa y ciega.


Soy un no desdecirme cuelgo la cara

para observarla gimiente sobre la luna

Estoy hecha de tanta fibra amada de nadie

niña de preguntarse rompo cuerpos grito en ellos

cierta escoria escupe muertos

Entro en límpido parnaso triste y vacía

desplegando árboles de crujiente enramada

tengo caballos con hombres sin nombre andan

toda pared carbónico copia las llamas

palabras, tantas palabras, mueven gotas de sangre

descansa grito avidez ya no expliques basta

Estoy regresando a casa.


* * *
(Imagen: gentileza de Ignacio Gauzellino, Argentina)

Pienso en la ciudad que me ha visto

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Pienso en la ciudad que me ha visto

con prisa derrotada con asfixia

después del amor entre el paisaje del miedo

apurada de remos

esperando

esperando.....

Acaso mi vida de fúnebre poderío

tenía todos los nombres de las sensaciones vanas

de la extraña existencia de las cosas.

Como quien llora con variados fundamentos

o se pasea en la desconocida estación del amor perenne

incierta victoria absoluta de faros secretos

traducía en las sábanas grises el herrumbre de un corazón olvidado

tal vez el mío

tal vez el cadáver enorme nítido y fugaz

tal vez la sombra de un reloj

o de una espada

Las mismas cosas siempre

las mismas impuras impurísimas cosas

ojos con lágrimas

justicia

murmullo de árboles al nacer.


* * *

He visto una muchacha

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He visto una muchacha

pequeña, gigante, fantasmal

diminuta y enigmática

caminar por la playa con las manos desnudas

empapada de alcohol, de soledad, de olas

misteriosa serpiente con espejos nutrientes

Se ha quedado dormida

lentamente.

Estaba en el paisaje

urgente y cromosómica

partía de mi piel con hambre cosmogónica

fugaz y trasnochada

con su largo cabello desatado y vibrátil

con el vientre latiendo

Dejaba entre la espuma del mar

estremecedoras aguavivas

instituía un nuevo invierno.

He visto una muchacha

de terca longitud interplanetaria

profundamente viva empapada y en llamas

con todas las gaviotas, sedienta involuntaria

He querido tocarla

pero ha sido difícil

es en mi corazón una adorada náufraga

que consiguió vivir y desde el fondo del mar

a la cintura del mundo

construye alas.


* * *
(Imagen, gentileza de Noelia Rodríguez, Argentina)

Campos minados

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Bush mata a los niños imperialista asesino de humareda turbulenta

Las bombas explotan en el cielo de Bagdad

Las mujeres se golpean el pecho las sienes y el alma

Estoy por sonreír este mediodía y se me cruza la muerte




Bush ha cortado una cabeza entre las rendijas huracanadas de mi voz

estoy llorando y pronto vendrán las cuatro de la tarde

de ese jueves maldito dónde estaré en el centro de mi propia guerra

de pie sobre un campo minado

de rodillas sobre mi corazón.




Las bombas explotan en el cielo de Bagdad

mi padre no contesta mi llamada imprecisa




Henry Miller nacía de nuevo en sus acuarelas

la mujer que amaba le mordía los senos a otra mujer

desde la televisión los ojos de Henry Miller

o su forma descuidada de pararse gris cerca de una puerta ignota

no motiva los deseos de mi matriz

Hoy si pudiera saldría de mí para ser cualquier persona inmediata

me llenaría la boca de granadas.




Por un breve instante voy a Paris a golpear las mesas de" primavera negra"

poco importa de que enjambre he de partir ahora

desmenuzada en el centro de mis sueños

tan individualmente imperfecta

Y las bombas explotarán aún en el cielo e Bagdad.


* * *

Madera quebrada

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Cuerpo dormido de espaldas a las palomas

agudo en el placer de pestañas esquina

horas reclamando dolor agónica luz mediodía

mi propio cuerpo mudo sobre viejos andamios de piel indescriptible

Manos agujero de nube sol no propicio llueve

arde de vos y parte rústico paraíso

va de asombro va mustio va todo lleno de muecas

por fuera de las palabras

Me has partido los horizontes enteros las crisálidas adentro

goce de golpes por única ilusión pero mueve

la finísima mano que huye

Poco importa.

En el aire callo todo tu pelo

en los pisos agujereados de sol me hundo y estallo

y por toda claridad muerdo el silencio

Siento gatos en el fuego de los dientes

desolada memoria metamorfosis de ti

pasa todo el invierno hermoso como tu frente

alrededor es ausencia música helada gimiente humedad de luz

Deja que vuele, abrígame dolor habla de sí sucumbe retazos

cuanto frío de inundación salvaje

deja que ya no espere rompa la aguja meretriz brújula

quiero y debo estar en otra parte siesta de noche.

Ahora baja esa madera y quizás se rompa

tendré por todo disturbio una llaga fúnebre

lengua ciega todos hablando de pirámides

pero en la costilla mansa soy guerra en gris.

Voy a contar con otros fruta y gemido

perdón por mí.




* * *

(Imagen:Franciso Matto, Uruguay)
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